Cuando Dios ya nos dio la señal, pero seguimos esperando otra
La libertad que Cristo nos ofrece y el peligro de buscar pruebas mientras dejamos pasar la oportunidad de cambiar.
Lunes 12 de octubre de 2026
· XXVIII semana del Tiempo Ordinario · Año II
Lecturas litúrgicas
-
Primera lectura: Carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4,22-24.26-27.31–5,1.
-
Salmo responsorial: Salmo 112 (113),1-2.3-4.5a.6-7.
-
Evangelio: Lucas 11,29-32.
El problema no siempre es la falta de señales
Imaginemos a alguien que pide constantemente una prueba de amor, aunque la persona que tiene enfrente ya se lo demuestra todos los días. Ningún gesto parece suficiente. Siempre necesita otra confirmación.
Algo parecido sucede en el Evangelio de hoy. Una multitud rodea a Jesús, pero algunos siguen exigiendo señales extraordinarias para creer en Él.
Mientras tanto, san Pablo recuerda a los cristianos de Galacia una verdad decisiva: Cristo no vino a encerrarnos en nuevas esclavitudes, sino a liberarnos.
Ambas lecturas plantean una cuestión inquietante: ¿podemos tener delante la respuesta de Dios y, aun así, negarnos a reconocerla?
Primera lectura: la libertad que no debemos perder
Gálatas 4,22-24.26-27.31–5,1
Pablo escribe a comunidades cristianas que enfrentaban una controversia importante: algunos enseñaban que los creyentes procedentes del paganismo debían someterse a determinadas obligaciones de la Ley de Moisés para pertenecer plenamente al pueblo de Dios.
Para responder, el apóstol recuerda la historia de Abraham y sus dos hijos: Ismael, nacido de Agar, y Isaac, nacido de Sara.
Pablo utiliza estos personajes mediante una interpretación alegórica. Agar representa la esclavitud; Sara, la libertad vinculada a la promesa divina.
Su argumento no pretende despreciar la historia de Israel, sino explicar que la salvación es un don de Dios, recibido por la fe en Jesucristo, y no algo que podamos conquistar mediante nuestros propios méritos.
La libertad cristiana tampoco significa vivir sin responsabilidades. Significa dejar de relacionarnos con Dios desde el miedo, como si su amor tuviera que comprarse con una lista interminable de cumplimientos.
La fe auténtica produce obediencia y buenas obras, pero estas son respuesta al amor recibido, no el precio para obtenerlo.
Salmo: un Dios que se acerca a los pequeños
Salmo 112 (113),1-2.3-4.5a.6-7
El salmista contempla una paradoja maravillosa: Dios está por encima de todas las naciones, pero se inclina hacia quienes viven en la pobreza y la humillación.
Su grandeza no lo aleja del sufrimiento humano.
Este salmo completa el mensaje de Pablo: la libertad que viene de Dios no es privilegio de unos cuantos. Su gracia alcanza también a quienes el mundo considera insignificantes.
La verdadera grandeza divina se manifiesta en su capacidad de levantar al caído.
Evangelio: la señal que nadie quería reconocer
Lucas 11,29-32
Jesús responde con firmeza a quienes exigen una señal. Les recuerda al profeta Jonás, cuya predicación provocó la conversión de los habitantes de Nínive.
También menciona a la reina del Sur, que emprendió un largo viaje para escuchar la sabiduría de Salomón.
Ambos ejemplos tienen algo en común: personas que supieron responder cuando encontraron una oportunidad de acercarse a la verdad.
Pero quienes escuchan a Jesús tienen delante a alguien mayor que Jonás y Salomón.
En Lucas, el signo de Jonás subraya especialmente la llamada a la conversión. A la luz del conjunto del Nuevo Testamento, la Iglesia también reconoce en este signo una referencia al misterio pascual de Cristo.
El problema no es que Dios permanezca oculto. Es que el corazón humano puede acostumbrarse a posponer su respuesta.
Dos lecturas, una misma invitación
Pablo advierte contra la esclavitud religiosa. Jesús denuncia la resistencia a creer.
Ambos hablan de una libertad que exige una decisión interior.
Podemos quedar atrapados en el cumplimiento externo, como los destinatarios de la advertencia paulina, o en la búsqueda interminable de pruebas, como quienes interrogaban a Jesús.
En los dos casos, existe el riesgo de perder lo esencial: una relación viva con Dios que transforma nuestra manera de actuar.
La fe comienza a madurar cuando dejamos de exigirle a Dios nuevas señales y empezamos a responder a la luz que ya hemos recibido.
¿Qué significa esto para nuestra vida?
Hoy también buscamos señales. Pedimos certezas absolutas antes de perdonar, cambiar una conducta o tomar una decisión que sabemos necesaria.
A veces esperamos una experiencia espiritual extraordinaria mientras ignoramos oportunidades sencillas de amar: escuchar con paciencia, reconocer un error, ayudar sin buscar reconocimiento o reconciliarnos con alguien.
La libertad que Cristo ofrece nos permite actuar sin quedar dominados por el orgullo, la culpa o el miedo.
No elimina las dificultades, pero nos ayuda a enfrentarlas desde la confianza.
La señal puede estar frente a nosotros
Las lecturas de hoy no condenan las preguntas sinceras ni la búsqueda de respuestas. Nos invitan a distinguir entre buscar honestamente la verdad y utilizar las dudas como excusa para no cambiar.
Quizá la pregunta de este lunes no sea qué nueva señal esperamos de Dios, sino qué estamos haciendo con las que ya hemos reconocido.
¿Hay alguna decisión buena que llevamos demasiado tiempo posponiendo?
Hoy podemos comenzar con un gesto concreto. No necesitamos resolver toda nuestra vida de una vez; basta con dar un paso verdadero hacia la libertad que Cristo nos ofrece.
Fuentes consultadas
🎬 La historia continúa en Crónicas Con Flow
La fe y la historia no solo se leen: también pueden descubrirse a través de imágenes, música y narraciones que nos acercan a sus protagonistas y enseñanzas.
Visita nuestro canal de YouTube, Crónicas Con Flow, y acompáñanos a descubrir nuevas historias que nos invitan a conocer, reflexionar y mirar el mundo desde otra perspectiva.
▶️ Suscríbete a Crónicas Con Flow y acompáñanos en la próxima historia.